De la serie Amputaciones domésticas
2020
Dibujo bordado sobre tela
100 x 105 cm
Hay algo siniestro en la vida cotidiana que se esconde tras el ornamento de lo doméstico, como ocultar una mancha del suelo bajo una alfombra. No la vemos, pero sabemos que está ahí como una presencia latente de lo que no queremos ver.
Utilizo el bordado para hacer aparecer la violencia ejercida sobre los cuerpos que se camufla en la domesticidad. Surgen así, en el dibujo del hilo, pequeñas sutilezas que coquetean en lo formal con una función decorativa u ornamental asociada al bordado, pero con intención de ponerla en tensión, de dislocarla. Donde lo bello y lo abyecto se tocan disolviendo sus límites. En esa zona fronteriza, el cuerpo también pierde sus límites, se multiplica, muta y sufre amputaciones. Pero lo que pierde es más que un fragmento, se extirpa algo de su humanidad. El pelo brota como síntoma de las reminiscencias de su animalidad, tan reprimida que olvida el instinto de salir corriendo ante su verdugo. Lo siniestro aparece entonces como un presentimiento: es el último destello de lucidez que nos avisa la presencia de algo extraño, cercano y monstruoso.