La serie El peso del mundo retoma elementos de su serie anterior, Pintura inhumana, para plantear escenas que transcurren en un territorio inquietante y desolador en el que es difícil determinar el tiempo o la naturaleza de los hechos. Los humanos presentes en los cuadros, en todos los casos poseídos por un estado de intenso caudal dramático, parecen estar ensayando alguna clase de punto ciego: asuntos del orden del desanimo y la finitud, de la desmesura o el espanto. Las figuras humanas, solas o en dúos, cayendo o tratando de levantarse, acentúan lo dramático, evocando una tragedia pasada e inminente al mismo tiempo.
Las arquitecturas que aparecen en las obras remiten a proyectos urbanísticos de la modernidad latinoamericana. Sin embargo, estas referencias a la utopía modernista ingresan a la pintura extrañadas y aisladas en un paisaje sin referencias y, de ese modo, devienen espacios liminales en los que conviven lo que ya no es más con lo que aún no ha ocurrido.